
Leí la convocatoria en los blogs
Mientras lees y
El cazador de sueños. Me pareció curioso que SM organizase un concurso de Microrrelatos, así que me decidí a participar.
Las bases son claras y sencillas: hay que escribir online un microrrelato de 160 caractéres máximo que empiece por "No quedaban libros...".

Mi primera novela,
Pierrot, publicada por
Eldalie Publicaciones, ya está a la venta en formato electrónico. Tiene un precio de 6€, pero
hasta el 2 de Febrero de 2010 Eldalie Publicaciones está de rebajas y se puede adquirir a mitad de precio, es decir, a 3€.
La novela también será publicada próximamente en formato papel. Os mantendré informados al respecto.

Como se puede ver en su
Facebook oficial, la
Editorial Eldalie publicará mi novela
Pierrot en los próximos meses. Verá la luz en formato físico (papel) y electrónico.
Os iré informando de las novedades :)
Vivirás.
Seguirás viviendo largos años sólo porque te lo he ordenado. Y cada vez que abras los ojos, verás mi rostro. Cada vez que los cierres, escucharás el ruido de tu revólver. Cada vez que seas incapaz de conciliar el sueño, notarás el peso del arma en tu mano, la resistencia del gatillo al apretarlo.
Cada día que sigas viviendo, me recordarás marcando mi frente con los dedos y luego cayendo por el acantilado. Te asomarás al abismo para buscar el punto donde, bajo la furia del mar, yazco.
Pero no has de reprochártelo. Fue tu elección.
Me dijiste que harías cualquier cosa por complacer mis deseos.

Categoría: cuento / relato breve
Género: histórico - ficción
Sinopsis: Alejandro contempla la pira funeraria de Hefestión en compañía de un misterioso visitante, el cual resulta ser el testigo de Babilonia, protector de la ciudad desde hace más de trescientos años.
Relato ganador en el I Concurso de Relatos Cortos Hilandera 2009.Categoría: cuento
Género: ciencia ficción / homoerótico
Sinopsis: Año 2208. En el desierto de Bangkok, el joven Hareth trata de cumplir la misión de la que depende la vida en todo el planeta, reseco por la escasez extrema de agua provocada por la industria del hidrógeno.
Cuento de menos de 500 palabras publicado en el blog Cuentos y cuentos.Sigue soñando
Cada mañana, al regresar del trabajo tras su agotadora jornada nocturna, pasaba delante de los mismos lugares y veía a las mismas personas; primero, en la parada del bus, los viajeros se arremolinaban en busca de un poco de espacio, ya lloviese, nevase o hiciera un frío atroz. Luego, los barrenderos, los estudiantes, los guardias que dirigían el tráfico…
En resumidas cuentas, la ciudad ensayaba indefinidamente una coreografía con vistas a un espectáculo que nunca se celebraba. Un baile que, aunque frenético y caótico, tenía cierto encanto.
Y como cada mañana, al pasar delante de los contenedores de basura, veía el mismo par de botas abandonadas en un rincón. No eran unas botas fuera de lo común. De hecho, la piel gastada en la que estaban confeccionadas, los cordones raídos y las suelas agrietadas le daban un aspecto lo que se decía humilde.
Su casa no quedaba lejos y a esas horas acusaba el cansancio, pero cada vez que pasaba delante de las botas, dedicaba unos instantes a preguntarse cómo habrían acabado ahí y de quién serían los pies que las habían lucido. ¿Qué parajes habrían recorrido, qué pecados cometido para merecer quedarse allí, ajenas al interés y el conocimiento de los demás?
Imaginó que habían pertenecido a un montañero que, cansado de la rutina, se dispuso a recorrer las grandes cumbres del planeta sin nada más que una mochila a la espalda y su inseparable par de botas. Tras haber observado el mundo desde su cima decidió regresar al hogar, en el que sus botas trotamundos ya no tenían sentido, y allí se habían quedado, tristes y solitarias, contando su historia a todo aquel que tuviese un poco de tiempo que dedicar a la nada.
Idear un motivo con el que explicar el misterio era su ritual, su manera de otorgar descanso a la mente e ir con ilusión a la cama, en la que reponía fuerzas para enfrentarse al ciclo que, con la caída del sol, se repetiría.
Pero aquella mañana, dicho ciclo se rompió. Se sobresaltó cuando escuchó un fuerte ruido a su derecha. Uno de los encargados del servicio de limpieza del ayuntamiento le miraba con el ceño fruncido, como queriendo pedir en silencio que se apartara. Dio un paso hacia atrás y dejó que hiciera su trabajo, sin protestar cuando el hombre tomó el par de botas y las arrojó en el interior del camión.
Clavó la mirada en la del hombre y no la desvió hasta que el camión, tras ponerse en marcha, se alejó y dobló en la siguiente esquina para continuar su ruta.
La ciudad, la gente que esperaba en la parada del autobús, los guardias, los tenderos de las panaderías y los estudiantes seguían siendo los mismos. Pero le habían arrebatado su breve instante de distracción.
Sacó las llaves, abrió la puerta de casa y se tiró en la cama.
Lo único que le quedaba ahora, era seguir soñando.