Nisa Arce

Sé lo que estás pensando. Y lo sé porque, aunque te cueste creerlo, he pasado por lo mismo.

Yo también llegué un día a puerto y decidí embarcarme. Por aquel entonces, Hokkaido me parecía lo más cercano a un hipotético fin del mundo. Puede que para ti ahora lo sea, pero te acabarás acostumbrando. Cuando quieras darte cuenta, el frío, el viento y estas aguas te parecerán un murmullo constante y monótono. Cerrarás los ojos y, al abrirlos, tus manos estarán agrietadas, tu piel cuarteada y tu mirada habrá perdido brillo, porque serás lo único en el entorno que habrá sufrido cambios con el paso de los años.

La vida avanza llevándoselo todo por delante, como esas medusas. Has estado un buen rato observando cómo flotan a la deriva. Se dejan arrastrar, silenciosas, tal y como hacemos nosotros. Si intentas aniquilarlas, aparecerán más, muchas más.

Tenlo presente. Tu trabajo no tiene valor. Eres como una medusa. Si te vas, vendrán otros para ser arrastrados por la corriente.

Tú todavía no lo sabes, pero es ley de vida. Y no puedes hacer nada por cambiarlo.




Llevas un rato mirándome. He fingido no darme cuenta, pero lo cierto es que me importa más bien poco.

Quiero estar en paz. Sin tener que hablar ni comunicarme. A solas yo y el mar, las redes, las criaturas que agonizan de camino a tierra firme.

No sé cuánto tiempo hace que me miras. Puede que el mismo que llevo yo observando a las medusas. No las había imaginado así. Son enormes y rojas. Hay por todas partes.

La gente las odia. Vosotros mismos las descuartizáis cuando se cuelan en las redes y matan a los peces, dejándolos inservibles para la lonja. Las arrojáis al océano convertidas en sangre gelatinosa, con la esperanza de ganar un poco de tiempo en esta invasión que no habíais previsto.
Dicen que la masacre no hace sino facilitar su multiplicación. Nadie puede afirmarlo. A veces te escucho murmurar que las medusas son la desgracia que marcará el final de tu generación. Puede que no vayas desencaminado.

Las observo fascinado y trato de aprender de ellas. Con su destrucción, se crean nuevas vidas. Quizás sea eso lo que vine buscando.

Tú deberías saberlo. Es ley de vida. No hay resurrección sin fuego, sin regreso al mar. Y no puedes hacer nada por cambiarlo.


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