Mi nombre es Nisa Arce. Soy española, tengo 27 años y una de mis grandes aficiones es la escritura. Espero que disfrutes de este pequeño rincón en el que encontrarás información sobre mis obras.
Leí la convocatoria en los blogs Mientras lees y El cazador de sueños. Me pareció curioso que SM organizase un concurso de Microrrelatos, así que me decidí a participar.
Las bases son claras y sencillas: hay que escribir online un microrrelato de 160 caractéres máximo que empiece por "No quedaban libros...".
Seguirás viviendo largos años sólo porque te lo he ordenado. Y cada vez que abras los ojos, verás mi rostro. Cada vez que los cierres, escucharás el ruido de tu revólver. Cada vez que seas incapaz de conciliar el sueño, notarás el peso del arma en tu mano, la resistencia del gatillo al apretarlo.
Cada día que sigas viviendo, me recordarás marcando mi frente con los dedos y luego cayendo por el acantilado. Te asomarás al abismo para buscar el punto donde, bajo la furia del mar, yazco.
Pero no has de reprochártelo. Fue tu elección.
Me dijiste que harías cualquier cosa por complacer mis deseos.
Él solía ponerla al despertar. La luz del mediodía me cegaba; el tacto de las sábanas eclipsaba el roce de su cuerpo, recién ido de mi lado. De fondo se escuchaba la melodía. Ahora sé que habla de añoranza, desubicación y de los recuerdos de un amor recién muerto. Estoy sola en nuestra cama, envuelta en un olor anodino, sin rastro de su esencia. La canción suena en mi cabeza como un disco rayado que repite la misma frase, cargada de sentido. "De pronto el amor se convirtió en una casa vacía".
Rosa asintió. Sus ojos se posaron sobre el cuerpo inmóvil de Stuart. Acarició su piel fría y lisa, repasando con los dedos la extensa longitud de su cuerpo.
—Pues mire —dijo—, Stuart siempre duerme conmigo en la cama. Normalmente se enrolla a mis pies, pero en los últimos días.
—Ajá —le instó él a continuar.
—…cuando despierto, le encuentro completamente desplegado en posición vertical. Su cabeza junto a mi cabeza, su extremidad junto a las mías. Y no se mueve. Es muy extraño.
El veterinario elevó una ceja sin apartar la vista de la boa constrictor. Su profesión le deportaba grandes satisfacciones, pero también momentos poco agradables como aquel, en el que debía poner trabas a la conexión mascota-ama.
—Stuart no está enfermo, señora… Simplemente, le está midiendo para comérsela.
Rosa esbozó una sonrisa nerviosa. Por primera vez desde que le adquirió en la tienda de animales exóticos, pensó que quizás los demás tenían algo de razón al alegar que no era el más indicado para ser el perfecto compañero doméstico.
Microrrelato seleccionado en el I Premio Algazara de Microrrelatos de la Editorial Hipálage.
La calma
—Y usted, ¿cuánto lleva esperando?
—No lo sé.
—Si ha perdido la cuenta, debe ser bastante.
—O no. Aquí el concepto del tiempo poco importa.
—Entonces, lo que me está intentando decir, es que puede que lleve poco, o puede que lleve una eternidad. Total, no hay medida que permita decantarse por una u otra opción.
—Exacto.
Asiente. Mira a la izquierda, luego a la derecha. Se incorpora. Vuelve a mirar hacia la izquierda poniéndose de puntillas, como si así pudiera ver con nitidez lo que hay más allá del horizonte.
—Figúrese usted que nunca había imaginado así este lugar —dice.
—Ya. Es lo que pasa cuando lo dejan a libre elección; cada uno le da la forma que cree conveniente.
Se encoje de hombros. Si se hubiera puesto a pensar cómo creía que sería aquel sitio, jamás le habría atribuido semejante fisonomía. «Puede que sea mejor así, algo conocido», concluye.
Decide relajarse y disfrutar de las vistas. En algún momento tendrá que pasar un autobús con destino indeterminado. Quién sabe.
Microrrelato seleccionado durante el mes de Noviembre de 2008 en el concurso de la web Microrrelatos sobre Abogados.
La receta
"¿De qué podría hacerla esta vez?", se preguntó.
Allí el tiempo libre abundaba, y las clases de cocina impartidas como terapia de reinserción social eran idóneas para poner en práctica ideas recopiladas a lo largo de la jornada. Siempre que la profesora probaba sus creaciones, se sentía como en lo alto de un estrado, orgullosa por un trabajo bien hecho. Tanto era el placer cuando la elogiaban que, incluso, dejaba de sentir rencor hacia la abogada que le había enviado a prisión con su brillante discurso de marmota y sus horribles gafas pasadas de moda.
La abogada. A veces, cuando removía el contenido de la cacerola, pensaba en ella. "Si pudiera, le rebanaría el cuello, la cortaría en pedacitos, la herviría en un buen montón de azúcar. Y prepararía una mermelada excelente, cociéndola despacio, muy despacio”.
"Total —se decía—, tengo todo el tiempo del mundo hasta que reúnan la fianza".
Microrrelato seleccionado durante el mes de Octubre de 2008 en el concurso de la web Microrrelatos sobre Abogados.
Juego de niños
—Vamos a ver —dijo el encargado de vigilar que nadie saliera ni entrara del edificio—, explícamelo todo otra vez.
El niño miró al suelo con timidez. Llevaba en las manos la toga manchada de barro.
—Quería jugar con mis amigos a los héroes y... como Don Jonás tenía una capa...
—Se la cogiste aprovechando que está encerrado en el despacho, adelantando trabajo —resumió el viejo, dando un trago con el botijo.
El niño asintió. Las brasas que quedaban en la chimenea incrementaban el brillo de sus ojos llorosos.
—¿Sabes qué? Lo mejor que puedes hacer es ir a disculparte —aseguró el viejo—. Don Jonás siempre defiende que la honestidad es la mejor didáctica que existe.
—¿La qué? —preguntó el niño.
—La honestidad, hijo, la honestidad... Es un principio que no entiende de color, ni de nacionalidad ni condición. Algún día no muy lejano, lo comprenderás.
Soy una virgo de pura cepa, nacida en Gran Canaria (Islas Canarias, España), donde resido habitualmente. Estoy licenciada en Relaciones Laborales por la ULPGC y soy Técnico en Realización de Audiovisuales y Espectáculos.
Mis pasiones son viajar, la música, la lectura, la fotografía, el cine y el manga. Si quieres saber más de mi día a día, visita mi blog personal, Across the Universe.